Volver a casa

Tengo entre mis manos una hoja amarillenta gastada por el tiempo,  escrita en un mundo tan lejano, en Cañada Brava, por mi abuelo Pedro, con letra firme y gruesa, iba desparramando letras llenas de dolor y despedida a un hijo que dejaba su lugar natal,  en busca de una nueva vida. …diciéndole…hijito querido, que la suerte te acompañe,  nosotros, tu familia,  nos quedamos aquí esperando tu regreso.

Y encaminó sus pasos a la Estación de Cerro Chato, el polvo del camino cubrió su rostro, sentía el silbato del tren recorriendo la serranía, el humo se elevaba  rumbo al firmamento. A la distancia divisa su destino, su valija le pesa, en ella lleva su futuro.  El tren baja la velocidad, el chirrido de los ejes se siente entre las vías, desesperado descubre que el alambrado de 7 líneas, no lo deja avanzar, traspira, su corazón se acelera, se le escapa el  futuro, por el alambrado,  corre, corre, por su supervivencia y cuando el guarda da el pitazo de partida, logra poner su pie,  en el último escalón del andén. Y Cerro Chato se fue desdibujando en su memoria, para guardarla por siempre en su corazón.

Por eso a veces nuestra historia, tiene tantos misterios y sentimientos sin resolver, ,  ya que conocemos nuestras

raíces a la luz de los fogones, ilustradas con memorias gastadas por  el olvido, en un tiempo allá a lo lejos, entre tacuaras y lanzas de las revoluciones, con dolor y nostalgias de Aparicio y caudillos pero solo eso, leyendas, sin vivir.  En medio del Cordobés quedó esfumándose en medio de las chircas, con su pañuelo blanco al viento el  padre que no volvería a ver.

Y, la vida continua con sus idas y vueltas, y aquí estoy desandando el camino,  que un día hizo mi padre, pero con el peso de una tradición contada,  con  un sentimiento sofocado  por el dolor de ausencia. A mi mente llegan destellos de estampas del viaje en tren cruzando leguas,  en una jardinera,  para encontrarme frente a frente con el Cordobés querido y por allá,  al lado del Paso Villar,  distinguir por vez primera, un ranchito de paja con agujero en el techo, donde dio sus primeros pasos mi padre.

Sentir, ver y oler el rocío mañanero, me hizo descubrir que se puede traspasar el tiempo y renacer a algo que no,  por ser conocido,  eres parte de él. Creo que a través de mi espíritu, padre e hijo se encontraron y resonó en el infinito… papito querido he vuelto.

Y como todo tiene un porque, siempre el Señor endereza los caminos torcidos y me dio la oportunidad una vez más, pero ahora desde el  ser adulto que habita en mi, volver a recorrer el  pasado,  para no olvidar nunca de donde provengo.

Aquí  estoy,  viajando con las Leny viajeras un 29 de febrero, año bisiesto,  rumbo al encuentro de un lugar familiar que vive en mi corazón. Bolso, sombrero, reposera, comida, y mucha alegría, ruta 5, 32,  rumbo a ruta 7 destino final Cerro Chato, para agregar a las páginas de mi historia,

Todo es conversación y charlas amenas, compartiendo mate y poniéndose al día con el acontecer de cada una. Leny vigila que todo esté bien y nuestro niño grande Facu soñando con llegar y bañarse en las piscinas del salto de Aguas.

El paisaje cambia con el paso del vehículo, dejamos atrás la ciudad y comienzan los viñedos, las chacras, el ganado, y los campos florecen con sus largas pestañas verdes abriéndose con el sol mañanero,  para darnos a conocer el Uruguay profundo.

Mucho para contar y como principio quieren las cosas, en un pequeño comercio en medio de la nada compré  ñoquis caseros para celebrar el día, y acortar el tiempo y la ansiedad, A  ya vamos,  cruzaremos varios pueblos cargados de historia. Fray Marcos, Casupa, Reboledo, Cerro Colorado – Alberto Gallinal – Illesca, José Batlle y Ordoñez, Nico Pérez, Valentines y Cerro Chato.

La mirada se pierde por el horizonte, pastan las vacas, las piedras sobresalen queriendo ver el sol, los paisajes cambian constantemente. Es increíblemente hermoso todo.

Cruzamos Fray Marcos, es un pueblo de Florida, no cuenta mucho, es como un lugar de paso, los lugareños dicen que su nombre se debe al recuerdo de un Fraile que murió ahogado. Como entramos salimos del pueblo, sin sobresaltos.

Arrecia el calor, seguimos cruzando la ruta 7, está muy linda, bien cuidada, la vehículo se desliza lentamente por ella. Un cartel dice Casupá,  la historia lo ubica como la tierra de los Artigas, está entre mangueras de piedra grande y árboles nativos. El nombre desciende de los indios minuanes y Gasupa significa Cacique grande. Lo dejamos atrás en el camino.

Siguiente pueblo Reboledo, está enclavado sobre la cuchilla de Chamizo, de pocas casas pero sencillas. Seguimos tomando mate y mate, no hay apuro, el camino es recto y plano, solo serranías y alguna curva que otra.

Hay que estirar las piernas, se viene un pueblo, ahí bajaremos. Está en una curva del camino, tiene un poblado considerable. Bajamos. Cerro Colorado o Alberto Gallinal es su nombre y grande sería su historia. Es un pueblo pintoresco, con sentido de pertenencia y arraigo y no es para menos. Todo se conserva alrededor de la Estancia don Pedro de Timote. Un bastión trascendente para dicha zona. Todo el pueblo tiene algo que decir a quien pase por allí. El interior profundo nos abre sus puertas a través de un parroquiano de apellido Fontana, quien desgrana de a poco el paisaje. La Estancia de Don Pedro de Timote fue de Alejandro Gallinal, a su entrada hay una portera con la imagen de un gaucho y una gaucha, se cobraba en su tiempo un vintén,  para llegar a los remates de ganado que en ella se realizaban.

El pueblo tiene un tanque de OSE construido con la misma arquitectura del casco de la estancia. En 1950 fue declarado monumento nacional. En los años 68 se dejan los faroles y las velas., detrás de dicha construcción Alberto Gallinal mandó construir un anfiteatro e  1962, a dicho personaje le encantaba la opera, recordó el teatro de Verona y allí realizó varios conciertos invitando al barítono Víctor Damiani,  quien en una actuación en ese lugar, falleció y se colocó una placa de mármol donde dice: … TODO EN LA VIDA DEBE SER AMOR.

Cerro Colorado esta en medio de la ruta 7 y no pasa desapercibido, quien llega, jamás lo olvidará. En el 1954 Alberto Gallinal mandó a construir el carrillón  de origen Holandés,  hecho de hierro y hormigón, una gran estructura para la época y el lugar.

El Carrillón  es un órgano aéreo de campanas, o sea un instrumento de percusión. Tiene 100 escalones y a lo lejos  se divisa.  Tiene 23 campanas y cada una tiene grabado un nombre como ejemplo, José Artigas, Dámaso A. Larrañaga, San Pedro, Alberto Gallinal, Elvira Algorta y el nombre de sus nueve hijos. Estas campanas lanzan sus acordes recorriendo los campos de Cerro Colorado, los días de fecha patria entonando el himno nacional. . Antes tocaban cada cuarto de hora alguna opera como le gustaba a su creador.

Cada pueblo tiene sus vivencias y aquí hacen esplendor de ellas. Seguimos recorriendo el lugar y nos acercamos a la Seccional 14° que también tiene lo suyo. No es una  comisaria cualquiera en medio de la nada. En su pared delantera al entrar reza:

Viva en paz el vecindario

Mientras duerme la campaña,

Y esté alerta el comesario,

Porque será su trabajo diario,

La paz que su celo gane,

Si la campaña algún día,                                       

Su reposo desafía,

El desmán de alguna tropa,

Que al vecindario perturba,

Proteste una vez y cien,

Con clamores de metal,

Porque no prospere el mal,

En silencio como el bien.”

Y nos vamos despacito, dejando un pedazo de corazón entre las hierbas.

Sopla el viento y volvemos al camino, miro hacia tras sintiendo que algo mío quedó por ahí.  Dicen que la patria la hacen los grandes, muy cierto, pero también tiene pedacitos de remiendos de historias contadas de fogón en fogón, que dejan huellas, para poder saber que hay personas que pasan por la vida y aunque su paso sea corto no se olvidan.

Y desde Illesca, Mansavillagra, Nico-Batlle (Nico Pérez y Batlle y Ordoñez) Se cocieron sueños , se bordaron historias, que permanecen en el imaginario del pueblo,  Nos encontramos con leyendas de Martín Aquino, el último matrero en 1917, simbolizó la resistencia a un nuevo sistema del alumbramiento de los campos, luchó por su libertad de asalariado sin ningún derecho. No era mal, lo hicieron malo, se batió a duelo criollo para saldar una deuda con el patrón  y salió victorioso, fue un bandido rural ayudado siempre por los pobladores y lugareños.

Y nos encontramos con un monumento al caballo Iracundo, quien hizo el raid Copa de Diamante, y llevó al primer lugar al pueblo de Nico Pérez, pero también tienen su tren como símbolo, de que jamás dejarán de llamarse con ese nombre.

Siguiendo con los misterio de los pueblos y sus raíces en 1904 se lleva a cabo el combate de Nico Pérez donde se firma un tratado de paz entre las fuerzas revolucionarias, que llevan a que ese pueblo,  pase a llamarse José Batlle y Ordoñez, aunque para los lugareños simplemente se llama NicoBatlle.

Volvemos al camino, el sol está en su cenit, estamos llegando al principio de la historia, por lo menos, la mía.

 

Y Cerro Chato, no es grande territorialmente, pero si en su historia, está enclavado en la loma de la Cuchilla Grande y el Cordobés baña sus pies. Está inserto en una triple frontera; Florida, Treinta y Tres y Durazno. Esto hizo que gracias a un pedido hecho en 1927 al gobierno de la época para discernir a que Departamento correspondía, un 3 de julio se llevara el tema a sufragio y donde por primera vez en América Latina, la mujer pudiera votar. Esa luz, esa mecha encendida en ese pueblito, revolucionó a tres grandes mujeres: Bernardina Muñoz de Florida, Modesta Fuentes de Durazno y la inmigrante brasileña, radicada en Cerro Chato,  Rita Ribeiro y así nació el sentido de igualdad para todos nosotros en Uruguay.

En el pueblo tienen una escultura en homenaje y recuerdo de ese día.

Estoy al final del camino, la estación de AFE Cerro Chato, allí va mi alma en pos de los recuerdos más íntimos, atesorados en el baúl de los recuerdos.

Todo va y viene, quisiera demorar el encuentro, ya nada es igual, es imposible reconocer el lugar, es como si las vivencias almacenadas en mi corazón,  se escurrieran entre mis manos, para volar al cielo y diluirse en medio del sol que brilla y ciega mi mente.

Camino por el andén, toco las puertas vencidas por la historia, las vías no cuentan sus idas y venidas. Se fueron los rieles, el pasto cubre  y acecha,  todo se cubre de maleza.

No se escuchan  las estridencias del tren llegando, son otros los sonidos que resuenan ahora. Miro a mi alrededor, si allí esta, cual testigo fiel, el alambrado, solo eso. Desando el camino. Cierro el baúl de los recuerdos con la infinita tristeza de sentir, que vivo en otro tiempo.

Seguimos adelante, llegamos al Salto del Agua, bellas piscinas hacen que nuestro cuerpo descanse, del calor agobiante de la tarde. Comida compartida, charlas amenas, recostadas en nuestras reposeras a la sombra de los eucaliptos.

Miro a la distancia,  la vista recorre los campos,  queriendo llegar al Paso Villar, para desde allí,  ver el Cordobés, y alzando tímidamente la mano, decir presente, llegue querido abuelo, vengo a despedirme y dejar en medio de los campos, toda la nostalgia de una vida ilusionada con el regreso. Una lágrima corre por mis mejillas, pero no es de tristeza, sino de reencuentro. Doblo cuidadosamente la hoja amarillenta y la cierro con llave dentro de mi corazón.

Siempre abra un mañana luminoso que nos recuerde a Cerro Chato, Cañada Brava y el Cordobés.

 

 

Laura


La excursión más completa y planificada del Norte Argentino.



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2020-07-15T20:13:56+02:00
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No descuidan ningún detalle y saben ser muy cálidos con el cliente. te sientes muy cómodo viajando con ellos.
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Viajar con Yorugua es viajar con la tranquilidad absoluta de que todo está absolutamente contemplado.
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10 puntos el Trekking al Lunarejo! Me encantó el formato de la excursión! Super recomendable!



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